Badajoz sufrió 12.000 ejecuciones durante la guerra civil.
Badajoz sufrió 12.000 ejecuciones durante la guerra civil, según los datos descubiertos por el proyecto Recuperación de la Memoria Histórica y basados en investigaciones documentales, y dados da conocer durante la inauguración del simposio De la esperanza a la tragedia: archivos, memoria y recursos audiovisuales sobre la Guerra Civil en Badajoz, según informa la agencia Efe, y en el que se analizan mediante exposiciones orales y proyecciones audiovisuales lo sucedido en Badajoz a partir de la sublevación militar de julio de 1936, primero por parte de los republicanos y después tras la ocupación por las tropas del general Yagüe.
Julián Chaves, profesor titular en Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, destaca que las últimas investigaciones determinan que la provincia pacense sufrió el mayor número de ejecuciones y fusilamientos "muy por encima de otros territorios nacionales". De hecho, el docente calcula que alrededor de 12.000 personas perdieron la vida y que, a través de las iniciativas de recuperación de la memoria histórica, pretenden conocer los detalles documentales y audiovisuales de estos acontecimientos históricos. Por su parte, José María Corrales, director general de Promoción Cultural de la Junta, valora el número de documentales elaborados a partir de archivos sonoros, fotografías e imágenes de reporteros de guerra de la época y destaca la obra Las cajas españolas, del director Alberto Porlan, en la que se recrea las vivencias del extremeño Timoteo Pérez Rubio, uno de los artistas extremeños más importantes del siglo XX.
domingo, 21 de junio de 2009
La Ley de Prensa
La historia de la prensa en España se inicia con los Romances noticieros, que daban cuenta en verso de los sucesos de la Guerra de Granada en el siglo XV. En el siglo XVI la xilografía o grabado en madera permitió la difusión masiva y barata de todo tipo de escritos breves. Comienzan las relaciones de sucesos, escritas por personas pagadas por algún consistorio municipal para que diesen cuenta manusencrita o a veces impresa de alguna fiesta religiosa, inauguración, visita importante, conmemoración o hecho memorable para que sirviera de recuerdo a los habitantes, o los avisos, informes manuscritos pagados igualmente y remitidos cada cierto tiempo a nobles que deseaban saber cualquier hecho importante acontecido en la Corte durante su ausencia forzosa. El noticierismo manuscrito comienza con cartas sobre los hechos de la conquista de Granada y continúa con los relativos a la del Nuevo Mundo. Acaso el primer relacionero pueda ser el humanista Pedro Mártir de Anglería, quien entre 1488 y 1526 redactó no menos de 812 epístolas que incorporaban no pocos elementos noticiosos. Esta especie de corresponsales fueron relativamente frecuentes en el siglo XVII, y se conservan los avisos realizados por Jerónimo de Barrionuevo, Andrés de Almansa o José Pellicer de Ossau.
También por esas fechas surgieron los mercurios o gacetas, una especie de boletines que informaban de las novedades ocurridas en las ferias comerciales importantes o los puertos de mucho tráfico. En 1625 apareció en Sevilla Avisos de Italia, Flandes, Roma, Portugal y otras partes desde 28 de julio hasta 3 de agosto y en 1641 Jaume Romeu publicó una traducción de la Gazette parisien que puede considerarse el primer periódico semanal aparecido en español. Por otra parte, interesado el Estado por la popularidad e influencia que tales gacetas iban adquiriendo en la sociedad, el valido de Carlos II de España, don Juan José de Austria, se preocupó también de hacerse publicidad editando gacetas. Éste vio en este recurso un medio para cimentar su posición y fomentar sus intereses, y con tal propósito, contrató al flamenco Francisco Fabro Bremundán, primer gacetero español de nombre conocido, para escribir e imprimir la primera gaceta española en 1661, la Relación o gaceta de algunos casos particulares, así políticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mundo, de periodicidad mensual, aunque en Zaragoza continuó como semanal en 1676. Pero, la muerte de Juan José de Austria y la revancha de sus enemigos interrumpió un tiempo la publicación. Se reanudó, sin embargo, con el título de Gaceta Ordinaria de Madrid, aunque Fabro tuvo ya un competidor: las Nuevas Ordinarias de Sebastián Armendáriz. En 1697, ya muerto Fabro, su periódico sigue editándose como Gaceta de Madrid ya ininterrumpidamente y, con algún cambio ocasional de título, continúa hoy imprimiéndose como Boletín Oficial del Estado (B.O.E.).
También por esas fechas surgieron los mercurios o gacetas, una especie de boletines que informaban de las novedades ocurridas en las ferias comerciales importantes o los puertos de mucho tráfico. En 1625 apareció en Sevilla Avisos de Italia, Flandes, Roma, Portugal y otras partes desde 28 de julio hasta 3 de agosto y en 1641 Jaume Romeu publicó una traducción de la Gazette parisien que puede considerarse el primer periódico semanal aparecido en español. Por otra parte, interesado el Estado por la popularidad e influencia que tales gacetas iban adquiriendo en la sociedad, el valido de Carlos II de España, don Juan José de Austria, se preocupó también de hacerse publicidad editando gacetas. Éste vio en este recurso un medio para cimentar su posición y fomentar sus intereses, y con tal propósito, contrató al flamenco Francisco Fabro Bremundán, primer gacetero español de nombre conocido, para escribir e imprimir la primera gaceta española en 1661, la Relación o gaceta de algunos casos particulares, así políticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mundo, de periodicidad mensual, aunque en Zaragoza continuó como semanal en 1676. Pero, la muerte de Juan José de Austria y la revancha de sus enemigos interrumpió un tiempo la publicación. Se reanudó, sin embargo, con el título de Gaceta Ordinaria de Madrid, aunque Fabro tuvo ya un competidor: las Nuevas Ordinarias de Sebastián Armendáriz. En 1697, ya muerto Fabro, su periódico sigue editándose como Gaceta de Madrid ya ininterrumpidamente y, con algún cambio ocasional de título, continúa hoy imprimiéndose como Boletín Oficial del Estado (B.O.E.).
Camilo José Cela
(Camilo José Cela Trulock; Iria Flavia, La Coruña, 1916 - Madrid, 2002) Escritor español. Residió en Mallorca, donde en 1956 fundó la revista Papeles de Son Armadans. Desde muy joven compuso poesía, con ecos e influjos de autores como Neruda y Alberti, y algunos pasaron al libro Pisando la dudosa luz del día (1945).Pero su personalidad literaria se desarrolló como prosista, dentro de los géneros de la novela, el cuento y el libro de viajes. Alcanzó súbita notoriedad en 1942 con la novela La familia de Pascual Duarte, una de las pocas obras destacadas de la década. Son las supuestas memorias de un campesino extremeño, autor de múltiples crímenes, que acaba en el patíbulo. La narración, escrita en una prosa desgarrada y deliberadamente tosca, se complace no sin humor en un tremendismo que cabe emparentar con el de la picaresca el de ciertos relatos de Pío Baroja.La siguiente novela Pabellón de reposo (1943), se centra en un grupo de tuberculosos internados en un sanatorio. Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo (1944) es un intento -frustrado, según reconocería el propio autor- de pastiche sobre una novela clásica. Suceden a estas obras los primeros y mejores libros de viajes, modalidad paisajística y testimonial: Viaje a la Alcarria (1948), muestra perfecta del género, y El gallego y su cuadrilla (1949).En 1951 publicó su novela más famosa, La colmena, panorámica de la vida madrileña hacia 1942, en el ambiente depresivo de la posguerra. Ya el título evidencia el propósito de referirse al colectivo de una ciudad, sin argumento ni protagonista definidos. Con un complejo montaje para ubicar y seguir a más de trescientos personajes y con una técnica que con reservas cabe calificar de objetivista, el escritor traza un desgarrado testimonio de las zozobras y estrecheces de una sociedad.Son posteriores Mrs. Cadwell habla con su hijo (1953), novela en forma epistolar que encierra una confesión en las fronteras del delirio, y La catira (1955), cuya acción se sitúa en Venezuela; las colecciones de cuentos El molino de viento (1956), Tobogán de hambrientos (1962), Garito de hospicianos (1963) y El ciudadano Iscariote Reclús (1965), entre otras, y libros de viaje como Del Miño a Bidasoa (1952), Judíos, moros y cristianos (1956) y Viaje al Pirineo de Lérida (1965).En 1969 vuelve a la novela con una obra barroca de claro propósito experimental, Vísperas, festividad y octavas de San Camilo de 1936 en Madrid, de nuevo centrada en Madrid, esta vez al comienzo de la guerra civil, para explorar en el confuso ambiente político y moral la violencia fratricida que tal clima desencadenó. El autor recurre a una expresión novedosa y compleja, tanto en la sintaxis como en la puntuación e incorpora los recursos de la nueva narrativa (monólogo interior, narración en segunda persona, etc.).
Película El Verdugo
Luis García Berlanga presentó El verdugo -considerada la mejor película del cine español- en 1963 en Venecia, poco después de que Franco ordenara el fusilamiento de Julián Grimau. El filme, que debió enfrentarse a la censura en España, fue premiado en La Mostra por la crítica internacional, en Moscú y en Francia. José Isbert, Emma Penella, José Luis López Vázquez y Nino Manfredi protagonizaron la película.
Cuarenta años después de haber triunfado en el Festival de Venecia, El verdugo sigue siendo "la mejor película del cine español, según la mayoría de los especialistas", asegura Antonio Gómez Rufo en su libro sobre Berlanga. Ricardo Muñoz Suay dijo en su momento que "con El verdugo, Berlanga ha logrado su mejor obra, y probablemente la más importante y significativa de la cinematografía española. La intervención decisiva de Rafael Azcona en el argumento ha conseguido un guión modélico no sólo en cuanto a la construcción, sino a su contenido, más trascendental que en otras ocasiones. Por otra parte, el estilo tremendista, el humor negro, ha fraguado, y el filme, además de ser un alegato contra la pena de muerte, es, sobre todo y en especial, un testimonio de cómo el hombre contemporáneo acaba cediendo a los acontecimientos sociales, que en este caso llevan a su protagonista a ejercer, sin contemplaciones, el asesinato legal".
El verdugo se presentó en Venecia en 1963, cuando Franco acababa de ordenar el fusilamiento del comunista Julián Grimau y la ejecución por garrote vil de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado. Precisamente el Caudillo era entonces conocido en el mundo como "el verdugo", apodo que cobró actualidad con las protestas internacionales ante dichas ejecuciones. De hecho, Berlanga y el equipo de la película fueron recibidos a pedradas por anarquistas italianos que habían creído que, con ese título, la película era una apología de Franco. Contrariamente, las autoridades españolas entendieron El verdugo como "la película más antipatriótica y antiespañola que se hubiera visto jamás", a pesar de su inocente aspecto de comedia. Quisieron incluso impedir su proyección en el festival. El embajador en Roma, Alfredo Sánchez Bella, que años después sería ministro de Información y Turismo, hizo cuanto pudo para prohibirla. "La película me parece uno de los más impresionantes libelos que jamás se hayan hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad. Es una inacabable crítica caricaturesca de la vida española", proclamó al principio, para más tarde, al comprender que no iba a lograr su objetivo, darle otro giro a su estrategia: "Esta película muestra hasta qué punto son infundados los ataques que se hacen contra el régimen español: se ha dicho que basta cualquier discrepancia para sufrir persecuciones y hasta ser ajusticiados. Pues bien, vean cómo en la España actual se pueden realizar películas como ésta, que no podría tolerar sin protesta ni siquiera el Estado más liberal de cualquier paralelo o meridiano; vean que ni siquiera talento ni originalidad tiene...". Fue entonces cuando Franco dijo en uno de los consejos de ministros la famosa frase sobre el director: "Ya sé que Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español".
La crítica y el jurado del Festival de Venecia dieron la espalda al embajador franquista y se inclinaron ante El verdugo, que recibió el premio de la crítica internacional. Más tarde fue igualmente premiada en el Festival de Moscú, y obtuvo asimismo el gran premio de la Academia francesa del Humor Negro. En España, sin embargo, sufrió "bastantes cortes de censura, muy gilipollas algunos", según comentó Berlanga a Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les: "Por ejemplo, cortaron todas las veces que el protagonista hablaba de irse a Alemania, y suprimieron el ruido que hacían los hierros del garrote dentro del maletín del verdugo; también cortaron la escena en que los funcionarios de prisiones preparan el garrote". Por si fuera poco, Berlanga supo años después que "un exhibidor tuvo que quitar la película de su cine por presiones de las autoridades. Así se explica que estuviera sólo dos semanas en cartel...". A pesar de esa persecución, El verdugo obtuvo en España el premio al mejor guión del Círculo de Escritores Cinematográficos, y Emma Penella, el de mejor actriz del Sindicato Nacional del Espectáculo.
La idea de la película le surgió a Berlanga a través de la imagen que le había transmitido un amigo abogado cuando le contó su experiencia en una ejecución: un grupo de personas había conducido a rastras a la víctima, una mujer que se resistía, mientras que otro grupo lo había hecho igualmente con el verdugo, al que incluso hubo que inyectar un sedante y prácticamente arrastrar hasta el lugar de la ejecución. Gómez Rufo cuenta "que esta imagen le resultó tan cruel a Berlanga, que hizo la película como un alegato contra la pena de muerte". No obstante, El verdugo es, ante todo, "un filme sobre el proceso que puede conducir a un hombre a abdicar de sus propias ideas e incluso casi de su condición de tal hombre", como aseguró César Santos Fontenla en la revista Nuestro Cine tras entrevistar a Berlanga. Éste le había contado que había pretendido diseccionar "de una forma tímida, porque a través del humor siempre parece que las cosas sean tímidas, un problema a mi juicio fundamental del hombre moderno y de la sociedad actual".
Cuarenta años después de haber triunfado en el Festival de Venecia, El verdugo sigue siendo "la mejor película del cine español, según la mayoría de los especialistas", asegura Antonio Gómez Rufo en su libro sobre Berlanga. Ricardo Muñoz Suay dijo en su momento que "con El verdugo, Berlanga ha logrado su mejor obra, y probablemente la más importante y significativa de la cinematografía española. La intervención decisiva de Rafael Azcona en el argumento ha conseguido un guión modélico no sólo en cuanto a la construcción, sino a su contenido, más trascendental que en otras ocasiones. Por otra parte, el estilo tremendista, el humor negro, ha fraguado, y el filme, además de ser un alegato contra la pena de muerte, es, sobre todo y en especial, un testimonio de cómo el hombre contemporáneo acaba cediendo a los acontecimientos sociales, que en este caso llevan a su protagonista a ejercer, sin contemplaciones, el asesinato legal".
El verdugo se presentó en Venecia en 1963, cuando Franco acababa de ordenar el fusilamiento del comunista Julián Grimau y la ejecución por garrote vil de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado. Precisamente el Caudillo era entonces conocido en el mundo como "el verdugo", apodo que cobró actualidad con las protestas internacionales ante dichas ejecuciones. De hecho, Berlanga y el equipo de la película fueron recibidos a pedradas por anarquistas italianos que habían creído que, con ese título, la película era una apología de Franco. Contrariamente, las autoridades españolas entendieron El verdugo como "la película más antipatriótica y antiespañola que se hubiera visto jamás", a pesar de su inocente aspecto de comedia. Quisieron incluso impedir su proyección en el festival. El embajador en Roma, Alfredo Sánchez Bella, que años después sería ministro de Información y Turismo, hizo cuanto pudo para prohibirla. "La película me parece uno de los más impresionantes libelos que jamás se hayan hecho contra España; un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad. Es una inacabable crítica caricaturesca de la vida española", proclamó al principio, para más tarde, al comprender que no iba a lograr su objetivo, darle otro giro a su estrategia: "Esta película muestra hasta qué punto son infundados los ataques que se hacen contra el régimen español: se ha dicho que basta cualquier discrepancia para sufrir persecuciones y hasta ser ajusticiados. Pues bien, vean cómo en la España actual se pueden realizar películas como ésta, que no podría tolerar sin protesta ni siquiera el Estado más liberal de cualquier paralelo o meridiano; vean que ni siquiera talento ni originalidad tiene...". Fue entonces cuando Franco dijo en uno de los consejos de ministros la famosa frase sobre el director: "Ya sé que Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español".
La crítica y el jurado del Festival de Venecia dieron la espalda al embajador franquista y se inclinaron ante El verdugo, que recibió el premio de la crítica internacional. Más tarde fue igualmente premiada en el Festival de Moscú, y obtuvo asimismo el gran premio de la Academia francesa del Humor Negro. En España, sin embargo, sufrió "bastantes cortes de censura, muy gilipollas algunos", según comentó Berlanga a Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les: "Por ejemplo, cortaron todas las veces que el protagonista hablaba de irse a Alemania, y suprimieron el ruido que hacían los hierros del garrote dentro del maletín del verdugo; también cortaron la escena en que los funcionarios de prisiones preparan el garrote". Por si fuera poco, Berlanga supo años después que "un exhibidor tuvo que quitar la película de su cine por presiones de las autoridades. Así se explica que estuviera sólo dos semanas en cartel...". A pesar de esa persecución, El verdugo obtuvo en España el premio al mejor guión del Círculo de Escritores Cinematográficos, y Emma Penella, el de mejor actriz del Sindicato Nacional del Espectáculo.
La idea de la película le surgió a Berlanga a través de la imagen que le había transmitido un amigo abogado cuando le contó su experiencia en una ejecución: un grupo de personas había conducido a rastras a la víctima, una mujer que se resistía, mientras que otro grupo lo había hecho igualmente con el verdugo, al que incluso hubo que inyectar un sedante y prácticamente arrastrar hasta el lugar de la ejecución. Gómez Rufo cuenta "que esta imagen le resultó tan cruel a Berlanga, que hizo la película como un alegato contra la pena de muerte". No obstante, El verdugo es, ante todo, "un filme sobre el proceso que puede conducir a un hombre a abdicar de sus propias ideas e incluso casi de su condición de tal hombre", como aseguró César Santos Fontenla en la revista Nuestro Cine tras entrevistar a Berlanga. Éste le había contado que había pretendido diseccionar "de una forma tímida, porque a través del humor siempre parece que las cosas sean tímidas, un problema a mi juicio fundamental del hombre moderno y de la sociedad actual".
Andreu Nini Pérez
El año 1917 fue clave para su vida. Sucesos como la huelga general de agosto, la Revolución Rusa o las luchas entre la patronal barcelonesa y los sindicatos, sobre todo la CNT, le marcaron profundamente. Si bien se integró primero en las filas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pronto abrazó la causa del sindicalismo revolucionario, ingresando en la CNT. Tras asistir al segundo congreso de la CNT en 1919, donde defendió el ingreso de la CNT en la Internacional Comunista, sustituyó a Evelio Boal, secretario del Comité Nacional de la CNT que había sido asesinado.
En el pleno nacional de la CNT celebrado el 28 de abril de 1921, fue elegido delegado para asistir al tercer congreso de la Internacional Comunista y al congreso fundacional de la Internacional Sindical Roja (Profintern), convirtiéndose en un personaje clave de ambas internacionales (mientras tanto, en 1922, la CNT había abandonado la Internacional Comunista).Vivió durante un tiempo en Moscú. A partir de 1926, perteneció a la Oposición de Izquierda dirigida por Trotski para oponerse al ascenso de Stalin dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, teniendo que abandonar la URSS en 1930.A su vuelta a España, Nin fue clave en la formación de un grupo de orientación trotskista (bolchevique-leninista), la Izquierda Comunista de España (mayo de 1931), grupo afiliado a la Oposición de Izquierda Internacional, publicando también el periódico El Soviet. La Izquierda Comunista era un grupo pequeño aunque con algunos militantes muy destacados.Formó parte de la Alianza obrera e intervino en las sucesos de octubre de 1934 en Cataluña. Rompió con Trotsky por no aceptar su pretensión de adoptar una táctica entrista en el PSOE. Al fusionarse su grupo con el Bloque Obrero y Campesino para fundar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en 1935, fue nombrado miembro del comité ejecutivo del nuevo partido y director de su publicación, La Nueva Era. Fue también elegido secretario general de la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS) en mayo de 1936.
Al estallar la Guerra Civil Española se convirtió en el máximo dirigente del POUM y tras formar parte del Consell d'Economia de Catalunya (entre agosto y septiembre de 1936) fue consejero de justicia de la recién constituida Generalidad (hasta diciembre de ese año) hasta que fue cesado debido a las presiones comunistas. Finalmente, a medida que las tensiones antitrotskistas se hicieron más evidentes, azuzadas por los agentes soviéticos a través del Partido Comunista de España y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (rama catalana del Partido Comunista), la posición del POUM se fue haciendo más difícil en la España republicana. Tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, Nin fue detenido por la policía, junto con otros dirigentes del POUM (16 de junio de 1937), como Julián Gorkin y José Escuder al haberse descubierto entre los documentos incautados a una red de la quinta columna en Madrid, algunos de los cuales "demostraban" la relación entre el POUM y el gobierno de Burgos. Los documentos habían sido falsificados por la NKVD.Inmediatamente su custodia fue transferida a la NKVD, que actuaba clandestinamente en la zona republicana con la connivencia de los mandos comunistas en la policía y el gobierno. Los dirigentes del POUM fueron trasladados a Valencia y luego a Madrid. Nin fue separado del resto de dirigentes del POUM desde el momento de la detención, siendo trasladado a Alcalá de Henares, donde fue interrogado y torturado los días 18, 19 y 21 de junio de 1937. A pesar de las torturas, Nin negó cualquier complicidad con el espionaje fascista. Posiblemente, Nin fue asesinado el 22 de junio, por orden del general Orlov, que actuaba a las órdenes de Stalin. El lugar elegido para su ejecución (Alcalá de Henares) era una base importante de los soviéticos en la España republicana, por lo que ofrecía garantías de seguridad.
La versión oficial que se dio fue que Nin fue liberado de la checa por "sus amigos de la Gestapo". Así lo sostuvo Juan Negrín, jefe del Gobierno de la República. En marzo de 2008 fue hallada casualmente una fosa común con restos de cinco cuerpos humanos de la época de la guerra civil. Es posible que uno de los cuerpos fuera el de Andrés Nin, lo que -de confirmarse- echaría al traste la versión del gobierno de la República. Existen versiones indicando que Negrín conocía la verdad sobre este suceso y lo encubrió con la versión de la Gestapo. Aunque en lo que su nieta afirma serán sus memorias, Negrín afirma haber sido engañado.El año 1917 fue clave para su vida. Sucesos como la huelga general de agosto, la Revolución Rusa o las luchas entre la patronal barcelonesa y los sindicatos, sobre todo la CNT, le marcaron profundamente. Si bien se integró primero en las filas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pronto abrazó la causa del sindicalismo revolucionario, ingresando en la CNT. Tras asistir al segundo congreso de la CNT en 1919, donde defendió el ingreso de la CNT en la Internacional Comunista, sustituyó a Evelio Boal, secretario del Comité Nacional de la CNT que había sido asesinado.
En el pleno nacional de la CNT celebrado el 28 de abril de 1921, fue elegido delegado para asistir al tercer congreso de la Internacional Comunista y al congreso fundacional de la Internacional Sindical Roja (Profintern), convirtiéndose en un personaje clave de ambas internacionales (mientras tanto, en 1922, la CNT había abandonado la Internacional Comunista).
Vivió durante un tiempo en Moscú. A partir de 1926, perteneció a la Oposición de Izquierda dirigida por Trotski para oponerse al ascenso de Stalin dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, teniendo que abandonar la URSS en 1930.
A su vuelta a España, Nin fue clave en la formación de un grupo de orientación trotskista (bolchevique-leninista), la Izquierda Comunista de España (mayo de 1931), grupo afiliado a la Oposición de Izquierda Internacional, publicando también el periódico El Soviet. La Izquierda Comunista era un grupo pequeño aunque con algunos militantes muy destacados.Formó parte de la Alianza obrera e intervino en las sucesos de octubre de 1934 en Cataluña. Rompió con Trotsky por no aceptar su pretensión de adoptar una táctica entrista en el PSOE. Al fusionarse su grupo con el Bloque Obrero y Campesino para fundar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en 1935, fue nombrado miembro del comité ejecutivo del nuevo partido y director de su publicación, La Nueva Era. Fue también elegido secretario general de la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS) en mayo de 1936.
En el pleno nacional de la CNT celebrado el 28 de abril de 1921, fue elegido delegado para asistir al tercer congreso de la Internacional Comunista y al congreso fundacional de la Internacional Sindical Roja (Profintern), convirtiéndose en un personaje clave de ambas internacionales (mientras tanto, en 1922, la CNT había abandonado la Internacional Comunista).Vivió durante un tiempo en Moscú. A partir de 1926, perteneció a la Oposición de Izquierda dirigida por Trotski para oponerse al ascenso de Stalin dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, teniendo que abandonar la URSS en 1930.A su vuelta a España, Nin fue clave en la formación de un grupo de orientación trotskista (bolchevique-leninista), la Izquierda Comunista de España (mayo de 1931), grupo afiliado a la Oposición de Izquierda Internacional, publicando también el periódico El Soviet. La Izquierda Comunista era un grupo pequeño aunque con algunos militantes muy destacados.Formó parte de la Alianza obrera e intervino en las sucesos de octubre de 1934 en Cataluña. Rompió con Trotsky por no aceptar su pretensión de adoptar una táctica entrista en el PSOE. Al fusionarse su grupo con el Bloque Obrero y Campesino para fundar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en 1935, fue nombrado miembro del comité ejecutivo del nuevo partido y director de su publicación, La Nueva Era. Fue también elegido secretario general de la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS) en mayo de 1936.
Al estallar la Guerra Civil Española se convirtió en el máximo dirigente del POUM y tras formar parte del Consell d'Economia de Catalunya (entre agosto y septiembre de 1936) fue consejero de justicia de la recién constituida Generalidad (hasta diciembre de ese año) hasta que fue cesado debido a las presiones comunistas. Finalmente, a medida que las tensiones antitrotskistas se hicieron más evidentes, azuzadas por los agentes soviéticos a través del Partido Comunista de España y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (rama catalana del Partido Comunista), la posición del POUM se fue haciendo más difícil en la España republicana. Tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, Nin fue detenido por la policía, junto con otros dirigentes del POUM (16 de junio de 1937), como Julián Gorkin y José Escuder al haberse descubierto entre los documentos incautados a una red de la quinta columna en Madrid, algunos de los cuales "demostraban" la relación entre el POUM y el gobierno de Burgos. Los documentos habían sido falsificados por la NKVD.Inmediatamente su custodia fue transferida a la NKVD, que actuaba clandestinamente en la zona republicana con la connivencia de los mandos comunistas en la policía y el gobierno. Los dirigentes del POUM fueron trasladados a Valencia y luego a Madrid. Nin fue separado del resto de dirigentes del POUM desde el momento de la detención, siendo trasladado a Alcalá de Henares, donde fue interrogado y torturado los días 18, 19 y 21 de junio de 1937. A pesar de las torturas, Nin negó cualquier complicidad con el espionaje fascista. Posiblemente, Nin fue asesinado el 22 de junio, por orden del general Orlov, que actuaba a las órdenes de Stalin. El lugar elegido para su ejecución (Alcalá de Henares) era una base importante de los soviéticos en la España republicana, por lo que ofrecía garantías de seguridad.
La versión oficial que se dio fue que Nin fue liberado de la checa por "sus amigos de la Gestapo". Así lo sostuvo Juan Negrín, jefe del Gobierno de la República. En marzo de 2008 fue hallada casualmente una fosa común con restos de cinco cuerpos humanos de la época de la guerra civil. Es posible que uno de los cuerpos fuera el de Andrés Nin, lo que -de confirmarse- echaría al traste la versión del gobierno de la República. Existen versiones indicando que Negrín conocía la verdad sobre este suceso y lo encubrió con la versión de la Gestapo. Aunque en lo que su nieta afirma serán sus memorias, Negrín afirma haber sido engañado.El año 1917 fue clave para su vida. Sucesos como la huelga general de agosto, la Revolución Rusa o las luchas entre la patronal barcelonesa y los sindicatos, sobre todo la CNT, le marcaron profundamente. Si bien se integró primero en las filas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pronto abrazó la causa del sindicalismo revolucionario, ingresando en la CNT. Tras asistir al segundo congreso de la CNT en 1919, donde defendió el ingreso de la CNT en la Internacional Comunista, sustituyó a Evelio Boal, secretario del Comité Nacional de la CNT que había sido asesinado.
En el pleno nacional de la CNT celebrado el 28 de abril de 1921, fue elegido delegado para asistir al tercer congreso de la Internacional Comunista y al congreso fundacional de la Internacional Sindical Roja (Profintern), convirtiéndose en un personaje clave de ambas internacionales (mientras tanto, en 1922, la CNT había abandonado la Internacional Comunista).
Vivió durante un tiempo en Moscú. A partir de 1926, perteneció a la Oposición de Izquierda dirigida por Trotski para oponerse al ascenso de Stalin dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, teniendo que abandonar la URSS en 1930.
A su vuelta a España, Nin fue clave en la formación de un grupo de orientación trotskista (bolchevique-leninista), la Izquierda Comunista de España (mayo de 1931), grupo afiliado a la Oposición de Izquierda Internacional, publicando también el periódico El Soviet. La Izquierda Comunista era un grupo pequeño aunque con algunos militantes muy destacados.Formó parte de la Alianza obrera e intervino en las sucesos de octubre de 1934 en Cataluña. Rompió con Trotsky por no aceptar su pretensión de adoptar una táctica entrista en el PSOE. Al fusionarse su grupo con el Bloque Obrero y Campesino para fundar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en 1935, fue nombrado miembro del comité ejecutivo del nuevo partido y director de su publicación, La Nueva Era. Fue también elegido secretario general de la Federación Obrera de Unidad Sindical (FOUS) en mayo de 1936.
Checas de Madrid
La más importante y terrorífica. Estaba en los sótanos del Círculo de Bellas Artes, de la calle de Alcalá, 40 hasta el 25 de octubre de 1936 y después en un palacio de la calle de Fomento, 9. Actuaba como Comité Provincial de Investigación Pública, creado por iniciativa de Manuel Muñoz Martínez, Director General de Seguridad el 4 de agosto de 1936 y diputado de Izquierda Republicana y masón del grado 33. Así pues, era una checa que se creó a partir de las instituciones del estado y la mantenía a el gobierno frentepopulista. Estaban treinta personas del Frente Popular que formaban seis tribunales que tomaban decisiones de vida o muerte inapelables, sin procesos ni garantías. Contra su decisión no había recursos y eso que a veces dictaban numerosas sentencias en media hora. Si el detenido era considerado culpable se escribía en su sentencia la palabra "libertad" seguida de un punto y se le invitaba a irse a casa, pero a la salida le esperaba un grupo de milicianos que en un automóvil lo llevaban de "paseo" y lo asesinaban. Esta checa participó en los asesinatos selectivos de la Cárcel Modelo de Madrid del día 22 de agosto de 1936 e incluso el citado DGS Manuel Muñoz se negó a intervenir pese a que fue requerido para parar la matanza. El tesorero de dicha checa Virgilio Escámez Mancebo -de Izquierda Republicana de Azaña- acudía casi a diario al director general de Seguridad para entregarle parte de lo saqueos ya que los tribunales obtenían su retribución de los resultados de las incautaciones, hasta el punto de que algunas detenciones se hacían por intereses puramente económicos.
¿Teléfono Rojo? Volvamos hacia Moscú
Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? es la única comedia de la filmografia de Stanley Kubrick (Nueva York, 1928 - Harpenden, Gran Bretaña, 1999), definida por el mismo director como "una comedia de pesadilla". No se trata, en efecto, de una comedia normal y corriente, pero tampoco de una simple visión satírica del ejército norteamericano y de los terribles peligros derivados de la mala utilización de la energía nuclear. Kubrick adopta un punto de vista crítico e irónico sobre la historia que explica, pero lo hace con la voluntad de no suspender en ningún momento la credibilidad del espectador.
El argumento del film es terriblemente dramático y serio: en un sentido estricto, todos los hechos que relata resultan creïbles (la insubordinación de un general del ejército que decide iniciar una guerra mundial por su cuenta, los intentos desesperados de los gobiernos norteamericano y soviético por buscar una solución al conflicto, la posibilidad de que uno de los bombarderos no recibiera el orden de abortar la misión y no fuera interceptado a tiempo por el ejército ruso). El desarrollo realista de la acción no resulta extraño si tenemos en cuenta que la novela de Peter George en qué se basa la película, Red alert (publicada con el título Two hours to doom en Gran Bretaña y firmada con el pseudónimo Peter Bryant), es una historia de suspense absolutamente seria que, además, acaba de manera optimista, con americanos y soviéticos comprometiéndose a evitar riesgos parecidos en el futuro. Kubrick y el mismo George estuvieron varios meses trabajando en una adaptación fiel de la novela, pero se decantaron finalmente por la inclusión de dosis de ironía y humor. En este aspecto, la participación en el guión del escritor Terry Southern (1926 - 1995) fue decisiva: Southern contribuyó a dar al film el toque de humor negro necesario para el buen funcionamiento de la historia, introdujo al personaje del Doctor Strangelove (que no aparece en la novela de George) y cambió el título original de la película por el definitivo, que se podría traducir como "Doctor Strangelove, o como aprendí a dejar de preocuparme y a estimar la bomba".
El tratamiento satírico y paròdic de la historia, lejos de actuar como un elemento distanciador respeto a la acción y a los personajes, consigue transmitir en todas sus dimensiones el horror y el absurdo de una situación límite desencadenada por una serie de grotescas casualidades (1). El futuro de la humanidad, sin ir más lejos, está en manos de un grupo de personajes ridículos y delirantes que resulta imposible tomarse seriamente: Merkin Muffley, un presidente ingenuo y inocente, absolutamente incapaz de hacer nada para evitar el desastre; el Doctor Strangelove, un científico nazi reconvertido en Director de Investigación y Desarrollo Armamentístico; Jack D. Ripper (nombre que en inglés evoca la figura de Jack el Destripador), un general psicótico y absolutamente enloquecido; o el general "Buck" Turgidson, incapaz de concentrarse ni de pensar fríamente sino es para expresar sus ideas anticomunistas. La mayoría de los oficiales del ejército que aparecen a la película, de hecho, han llegado al poder gracias a las medallas y a los méritos obtenidos en otros conflictos (2), sin que su perfil psicológico o sus verdaderas inclinaciones ideológicas tengan ninguna clase de importancia para el gobierno.
El humor y la comicidad del film deriva no tanto del trágico y brutal desarrollo de los acontecimientos sino de la descripción caricaturesca y exagerada de los personajes (el comportamiento infantil del embajador ruso, el Mayor T. J. "King" Kong disfrazándose de cowboy ante el inminente ataque sobre los objetivos rusos, el Presidente Muffley hablando por teléfono con su homólogo ruso Dimitri, a quien ha localizado medio borracho en una especie de orgía, el soldado que se niega a disparar contra una máquina de Coca-cola alegando que se trata de una propiedad privada). Kubrick también subraya la voluntad satírica de la producción con la utilización de pequeños detalles y elementos casi externos a la propia acción, como el cartel "La paz es nuestra profesión" enmarcado en el despacho del general Ripper y colocado a la entrada de la base aèrea de Burpleson, o las canciones de la banda sonora: "Sigue sonriendo / como siempre sonriente / hasta que las nubes oscuras / dejen paso a un cielo azul" canta Vera Lynn al final de la película, acompañando las imágenes de las explosiones atómicas que simbolizan el fin del mundo.
El argumento del film es terriblemente dramático y serio: en un sentido estricto, todos los hechos que relata resultan creïbles (la insubordinación de un general del ejército que decide iniciar una guerra mundial por su cuenta, los intentos desesperados de los gobiernos norteamericano y soviético por buscar una solución al conflicto, la posibilidad de que uno de los bombarderos no recibiera el orden de abortar la misión y no fuera interceptado a tiempo por el ejército ruso). El desarrollo realista de la acción no resulta extraño si tenemos en cuenta que la novela de Peter George en qué se basa la película, Red alert (publicada con el título Two hours to doom en Gran Bretaña y firmada con el pseudónimo Peter Bryant), es una historia de suspense absolutamente seria que, además, acaba de manera optimista, con americanos y soviéticos comprometiéndose a evitar riesgos parecidos en el futuro. Kubrick y el mismo George estuvieron varios meses trabajando en una adaptación fiel de la novela, pero se decantaron finalmente por la inclusión de dosis de ironía y humor. En este aspecto, la participación en el guión del escritor Terry Southern (1926 - 1995) fue decisiva: Southern contribuyó a dar al film el toque de humor negro necesario para el buen funcionamiento de la historia, introdujo al personaje del Doctor Strangelove (que no aparece en la novela de George) y cambió el título original de la película por el definitivo, que se podría traducir como "Doctor Strangelove, o como aprendí a dejar de preocuparme y a estimar la bomba".
El tratamiento satírico y paròdic de la historia, lejos de actuar como un elemento distanciador respeto a la acción y a los personajes, consigue transmitir en todas sus dimensiones el horror y el absurdo de una situación límite desencadenada por una serie de grotescas casualidades (1). El futuro de la humanidad, sin ir más lejos, está en manos de un grupo de personajes ridículos y delirantes que resulta imposible tomarse seriamente: Merkin Muffley, un presidente ingenuo y inocente, absolutamente incapaz de hacer nada para evitar el desastre; el Doctor Strangelove, un científico nazi reconvertido en Director de Investigación y Desarrollo Armamentístico; Jack D. Ripper (nombre que en inglés evoca la figura de Jack el Destripador), un general psicótico y absolutamente enloquecido; o el general "Buck" Turgidson, incapaz de concentrarse ni de pensar fríamente sino es para expresar sus ideas anticomunistas. La mayoría de los oficiales del ejército que aparecen a la película, de hecho, han llegado al poder gracias a las medallas y a los méritos obtenidos en otros conflictos (2), sin que su perfil psicológico o sus verdaderas inclinaciones ideológicas tengan ninguna clase de importancia para el gobierno.
El humor y la comicidad del film deriva no tanto del trágico y brutal desarrollo de los acontecimientos sino de la descripción caricaturesca y exagerada de los personajes (el comportamiento infantil del embajador ruso, el Mayor T. J. "King" Kong disfrazándose de cowboy ante el inminente ataque sobre los objetivos rusos, el Presidente Muffley hablando por teléfono con su homólogo ruso Dimitri, a quien ha localizado medio borracho en una especie de orgía, el soldado que se niega a disparar contra una máquina de Coca-cola alegando que se trata de una propiedad privada). Kubrick también subraya la voluntad satírica de la producción con la utilización de pequeños detalles y elementos casi externos a la propia acción, como el cartel "La paz es nuestra profesión" enmarcado en el despacho del general Ripper y colocado a la entrada de la base aèrea de Burpleson, o las canciones de la banda sonora: "Sigue sonriendo / como siempre sonriente / hasta que las nubes oscuras / dejen paso a un cielo azul" canta Vera Lynn al final de la película, acompañando las imágenes de las explosiones atómicas que simbolizan el fin del mundo.
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